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miércoles, 9 de febrero de 2011

Monólogo

Existen quienes intentan reprimir lo que sienten todo lo posible, que niegan haber caído en esa especie de debilidad mental. Al contrario, también hay gente que se fuerza a sentir algo por el bien de ellos mismos o de otras personas. Cualquier medio es suficiente, más o menos moral éticamente hablando, pero la gran mayoría de ellos suelen llevar a la misma conclusión. Y es que, cuando nos enamoramos, cambiamos completamente. Una vez que nos ha picado el gusanillo del amor, toda tu mente y todo tu cuerpo se descontrola. Somos seres débiles, y nuestra naturaleza nos marca ese camino; nos gusta sentirnos amados, y de la misma forma, nos gusta amar. Muchos románticos pueden quejarse, y no voy a ir en contra de ellos, ya que en varias ocasiones, el amor duele. Pero nadie odia el amor, ni siquiera en los más extraños casos, o en personas que no han tenido la suerte de encontrar el amor en su vida, he sido capaz de decir que verdaderamente odian el amor. Muchas personas, desde su más tierna infancia, sueñan con encontrar al amor de su vida. Muchas pasan por una época en la que desean con toda su alma que cada amor sea el definitivo, que cada vez que se enamoren, sea para siempre, a pesar de que eso no siempre sea cierto. El amor es una droga, cada vez que la probamos necesitamos más y más, hasta el hecho de que muchas veces, llegamos a volvernos realmente locos de amor. El amor lleva a hacer locura y, en muchas ocasiones, las locuras llevan al amor.

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Bueno, este es el monólogo con el que empieza mi primer proyecto de cortometraje, "Golpéame pero no me dejes", aunque me temo que no voy a tener la capacidad para hacer que vea la luz, pues ni siquiera conozco a nadie que pueda actuar como los papeles principales.

"Golpéame Pero No Me Dejes" cuenta la historia de Dylan, un escritor de novelas románticas que acaba de publicar su primer libro. Comparte piso con su mejor amiga, una chica gótica llamada Martha, que está estudiando Bellas Artes en la universidad. Un día, Dylan conoce a Jack, un chico serio que trabaja en una librería, quién es bastante acosado por la gente de su edad, e incluso menores que él, debido a su aspecto y a su frágil salud. Jack admira el libro que Dylan ha publicado, y el escritor, alagado, le ofrece a Jack (que es estudiante que sueña con ser escritor de teatro) el revisar sus guiones, siendo su editor y tutor. Comienzan una extraña relación, ya que Jack comienza a ir todos los días a la casa de Dylan para enseñarle las cosas en las que trabaja, y el escritor se acaba dando cuenta de que el personaje principal de los guiones de Jack es un reflejo del mismo Dylan, con pequeños detalles que Jack ha ido descubriendo por pequeñas curiosidades. Después de un tiempo, Jack le presenta a su tutor su primera obra de teatro terminada, la cual se titula "Golpéame Pero No Me Dejes", donde el hecho de que los protagonistas, dos hombres que se convierten en amantes tras conocerse en un burdel, son los mismos Jack y Dylan de la realidad, no pasa desapercibido bajo los ojos de Dylan, quién se da cuenta de que su pupilo ha comenzado a sentir atracción hacia él. Y de que él también comienza a sentir algo hacia su mentor.

Quién sabe si algún día verá la luz esta extraña historia de amor xD Hasta entonces, me esforzaré en ella~

PD: Aconsejo leer el monólogo con esto de fondo:

sábado, 6 de noviembre de 2010

Hug You



Abrazarte fuertemente. Sentir tu respiración chocando contra mis brazos, al mismo tiempo que intento saborear este momento lo máximo posible. Tengo ganas de llorar, jamás pensé que este momento sería real. Después de tantos sueños, después de tantas luchas, al fin puedo abrazarte. Mis manos empiezan a deslizarse con delicadeza por tu cuerpo. Quiero tocarte, saber que eres real y que no te irás de mi lado cuando abra los ojos.


Te susurro que te amo y puedo sentir como sonríes. ¿Estás tan nerviosa como yo? No lo sé, solamente espero que puedas sentir mi desbocado corazón golpeando mi pecho con fuerza, como jamás había golpeado antes. Incluso me cuesta mantenerme en pie. Jamás te había necesitado tanto como ahora que ya te tengo.


Mis labios tocan tu oído. No puedo ver tu rostro, ya que mis ojos siguen cerrados para sentirte mejor y apoyo el mentón en tu hombro, al lado de tu barbilla. Quiero estar cerca de ti, más cerca de lo que jamás he estado de nadie. Porque después de tantos llantos, después de tantas penas, al fin te tengo en mis brazos. No recordaba que el amor podía sentirse tan bien.


De repente siento que giras la cabeza, ¿intentas besarme? No lo sé, pero intento acercar mis labios a los tuyos. Y entonces ocurre, no logro alcanzarlos. No quiero abrir los ojos, no quiero descubrir que no eres real. Solo intento agarrar tu cabeza para que tu boca se encuentre con la mía. Pero no funciona. Empiezo a ponerme nerviosa e intento sujetarte las manos. No las encuentro.


Alarmada, abro los ojos mientras grito tu nombre. Y entonces ya no estás. Solo he vuelto a soñar que podía abrazarte. Me siento sobre el frío suelo de mi cuarto y comienzo a llorar, otra vez.


¿Cuántas veces me he engañado ya? Solo quiero tenerte entre mis brazos, ¿es demasiado delito? A veces creo que estoy amando a una ilusión. Pero no puedo hacer nada, sigo amando a esa ilusión.


Me pregunto si realmente podré tenerte alguna vez. Me aferro a ese deseo cada segundo de mi vida e intento con todas mis fuerzas encontrar una forma de que me respondas. Que me digas que me amas, que eres real, que lucharemos para estar juntas.


Porque te amo y te amaré, seas o no un deseo de mi mente.


Haruhi-sama was here~

sábado, 9 de octubre de 2010

Fault


La brisa nocturna despeinaba los rubios cabellos. La luna llena iluminaba, alta y dominante en el cielo, el momento que le correspondía, reinaba sobre la noche y sobre las estrellas que, esparcidas a sus lados, quedaban eclipsadas.

Apretó el puño fuertemente, dentro del chaleco verde oscuro, mientras miraba al suelo, apretando los dientes con resignación. No se dio cuenta, pero allí estaban, otra vez, las lágrimas. Desbordándose de sus ojos, nublándole le vista y haciendo que se sintiera tan, tan débil... Otra vez, otra vez... Y todo era por su culpa, únicamente por su estúpida culpa. ¿Cuántas veces le había echo llorar?

Sus manos se deslizaron lentamente, saliendo del reconfortante abrigo y posándose en sus labios, víctimas del frío. Su rostro estaba mojado, ya que los dos surcos de lágrimas que caían de sus ojos no hacían más que aumentar y aumentar. Apretó levemente uno de sus dedos contra su labio inferior. Aún latía, aún podía sentirlo por todo su cuerpo. Su sabor dentro de su boca, siendo examinado por toda su lengua. Su sudor haciendo contacto con el suyo propio, mezclándose, convirtiéndose en uno solo. Sus ojos, su mirada, aquella mirada que le había regalado una, y otra, y otra, y otra vez. Y la sonrisa, oh, aquella sonrisa, aquella estúpida sonrisa. Aún podía sentir en sus manos el tacto con el dulce cuerpo, el dulce cuerpo que tenía la culpa de absolutamente todo.

Sentía la necesidad de salir corriendo y de no volver jamás, de hacer creer al mundo que ninguno de los dos había existido jamás. Pero no podía, cada vez que intentaba dar un paso su voz resonaba en su interior. Una y otra vez, en una repetición, una cadena infinita. Una dulce trampa en la que había caído, y de la cual no podría salir jamás.

Era toda su estúpida culpa, si no hubiera sido por él, jamás hubiera acabado en esta situación.

Él tenía la culpa de haberle enamorado hasta ese extremo.


Haruhi-sama was here!
 
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